Colombia es un país que durante los últimos años encontramos rodeado de circunstancias que en particular lo hacen llamativo para el resto del mundo.
Nosotros nacimos en paises conectados por los aviones, la radio, la televisión y la Internet; aceptamos sin remedio que las personas ahora buscan de manera afanada entrelazar sus recursos para resolver los problemas que embargan la humanidad en una unidad de conceptos que teóricamente allanan todas las diferencias poniendo en alto el sentido humanitario.
Mientras esto sucede la guerrilla enclavada en la historia de nuestra patria (Colombia)se diluye como mantequilla en su propio éxito como empresario de la ilegalidad, el miedo y el vicio.
La sola mención de estos tres elementos (narcotrafico, secuestro, extorsion)calan en las mentes como pestes abominables que motivan en nuestra estirpe la cruzada de la erradicación, porque no sentimos que este bien y así esperamos que muchos, muchísimos se adhieran a la repulsión de estas medidas de financiación. Aun en el caso que para los lideres insurgentes estos actos fueran el camino y no el fin.
Pero cuando esperamos que esto delincuentes sean estigmatizados y relegados a las esquinas del castigo de las sociedades, la fortaleza del capitalismo salvaje fortalece el ejercicio del plante de millones en el mercado negro de los productos que la gente compra a escondidas de sus autoridades, la moral y el amor propio.
Los guerrilleros están en las selvas y en las ciudades aliados a los vendedores de armas, los traficantes de narcóticos y las mafias que con la capacidad de inyectar su poder en esferas que pensábamos intocables pueden descomponer las empresas y planeamientos políticos.
A veces es posible pensar que la lucha por frenar la escaramuza de la delincuencia (que exige de manera descarada el respeto a sus reglas, impuestas por el fusil); es solo de los sufridos soldados que se interpones entre la anarquía que se vislumbra, en el caso de que bajemos la guardia, y perdamos la libertad de expresión que podemos llegar a tener en esta tierra extensa y mal explotada.
La pregunta que nace desde los ámbitos históricos, políticos e ideológicos la abordamos sin temeridades ni valentonadas porque los últimos actos nos confunden y nos destruyen las utopías mas infantiles de las guerras justas o ganadas por los buenos. ¿Contra quien pelea la guerrilla? Cuando matan y secuestran policías, soldados, senadores, alcaldes, comerciantes, niños, sacerdotes, obispos, pastores, ingenieros, turistas nacionales y extranjeros. Lanzan cilindros con bombas a estaciones de policía, a iglesias, a colegios y puentes. Granadas a los indigentes y al palacio de Nariño o destruyen ambulancias, persiguen y matan médicos y enfermeras.
¿Cual es la estrategia de la segunda empresa del país en la cual sus miembros tampoco merecen un respeto ni lealtad? ¿Que futuro develan cada amanecer en que buscan cambiar las injusticias del mundo y ellos con su labor desproporcionada y eficaz lo han convertido en algo peor?
Inconforme, además y noctámbulo por lo macabro e incomprensible no logro interpretar la tarea descuadernada de una insurgencia sumida en caos pero llena de plata.

